Mi nombre es Sandra.

A los 32 años empezamos a buscar ser padres y tardé un año en quedarme
embarazada. A las ocho semanas tuve pérdidas, estaba en Francia visitando unos amigos y volvimos
corriendo, me dijeron que no había latido y que me tenía que hacer un legrado.

Dijeron que era normal, que 1 de cada 3 embarazos no salía adelante, pero a mí no me consolaba, yo era la única de todos mis amigos/as que les había pasado.

Volví a tardar otro año en quedarme embarazada de nuevo.
Volvió a pasar lo mismo, con lo cual ya empecé a pensar que no era normal.

Me hicieron un segundo legrado.

Estando en la clínica me vino una monjita pidiéndome que apadrinara un niño, en aquellos momentos me sentó fatal, era lo que menos necesitaba que alguien me hablara de apadrinar un niño cuando yo acababa de perder uno mío por segunda vez.

Mi caso era que a las seis semanas había actividad cardíaca y a las ocho ya no.

Nos hicieron un estudio citogenético en sangre y todo salía sin anomalías. Volví a cambiar de ginecólogo y el tercero me encontró la prolactina alta.

Al cuarto mes tuve un tercer embarazo y pasó lo mismo, a las 8 semanas sin latido y un tercer legrado.


Hicieron una biopsia corial, y genéticamente era correcto, así que seguíamos sin pistas de cual
era el problema.

Me dijeron que era un niño, cosa que me afectó mucho, hubiera preferido no
saberlo.

Nueve meses después un cuarto embarazo resultó ser un embarazo ectópico.

No evolucionaba e hicimos un tratamiento con farmacológico con Metotrexato, porque no confiaba en el ginecólogo. Temía que me sacara trompa y el ovario.

Me hicieron una histerosalpingografía y parecía que todo estaba bien.

Lo siguiente fue una fecundación in vitro, pero no nos funcionó.

Me sacaron muy pocos óvulos. Me implantaron dos y el resto no eran suficientemente buenos para congelar. Decidí hacer otro intento, pero como no me quedé contenta con el médico, volví a cambiar y fui a un centro que me recomendó una amiga que es enfermera. Algunas compañeras suyas habían ido y habían quedado contentas.

El doctor dijo que no me haría una FIV si no sabía que ocurría, el porqué los embarazos nos seguían adelante.

Le hicieron un estudio a fondo a mi pareja, porque sospechaban que podía ser un problema de masculino. Así que hicieron una biopsia testicular y descubrieron que era cierto: habia un problema.

Los anteriores ginecólogos nos decían que no podía ser un problema de él, porque yo me quedaba embarazada.
El tercer ginecólogo me llegó a decir que en el siguiente embarazo me haría ponerme a 4 patas
por si era un problema de que el embrión no tenía suficiente espacio, lo cual me pareció una
tontería porque mis embriones tenían 6 mm, me parecía absurdo que una cosita tan pequeña
tuviera un problema de espacio. ¿Además que me iba a tener que estar todo el día en esa
posición o qué?
Con este nuevo ginecólogo nos propuso hacer una FIV con semen del banco de esperma´.
Buscamos un donante de las mismas características físicas de mi pareja.

Así lo hicimos y recuperamos 9 óvulos, lo cual sorprendió al médico, debido a los pocos óvulos que recuperaron en la primera FIV. Me dijo que o bien no me habían dado la medicación adecuada para mí, o las dosis
no eran correctas.

No deja de ser sorprendente que un médico haga un comentario de este estilo
de un colega, normalmente no suelen hacerlo.

Me implantaron 2 embriones pero tampoco funcionó.

Dejamos pasar un tiempo para recuperarnos física, psicológica y económicamente
e implantamos los dos que nos quedaban congelados.

Tampoco funcionó.

Y aquí acabó nuestra historia, porque ni teníamos dinero, ni fuerzas para seguir adelante.

A mi pareja ya le iba bien así, decía que estábamos muy bien sin hijos que un hijo nos cambiaría mucho la vida. Pero para mí era muy duro y decepcionante.

Nunca me sentí respaldada por él, nunca quiso plantearse la adopción y al final nuestra relación se deterioró mucho. Evolucionamos de manera distinta y al final terminamos separándonos.

Y ahí empezó mi nueva vida, diferente a cómo la había imaginado, pero ahora mismo no la cambiaría por nada del mundo.

Sandra