Historia de Elísabeth

Mi proceso ha atravesado varias etapas.

 Yo era de esa clase de personas que pensaba que un aborto no era tan importante… Hasta que me pasó a mí…

En realidad, lo mío fue un parto prematuro, a los cinco meses de gestación.

Recuerdo perfectamente aquel día, el 18 de noviembre de 2015. Había pasado toda la noche con muchos gases.

Nunca imaginé que fueran contracciones, y eso que soy médico.

Mi embarazo era de alto riesgo, estaba súper controlado pero yo sentía que algo iba mal. Los médicos que me llevaban tenían opiniones dispares: Yo sentía que perdía líquido por la vagina pero cada vez que me hacían la prueba, esta salía negativa, aunque yo intuía que era líquido amniótico.

Esa mañana, sin embargo, no pensé que fueran contracciones de parto, pensé que era mi colon irritable. Fui al baño, hice de vientre. Luego fui a la farmacia a comprar algo que calmara mi colon. Llegué a casa, estaba sola, fui a hacer un pis y al limpiarme, toqué el cordón umbilical de mi bebé, saliendo por mi vagina.

Supe en ese preciso momento que mi bebé, Toni, estaba muerto.

Entré en pánico, me puse a llorar, llamando a mis padres (a mi marido no quise llamarle porque estaba trabajando a una hora y media de distancia), mis padres estaban en el coche de camino a la playa (a 40 minutos de distancia), mi padre, ginecólogo jubilado me decía «no puede ser» y yo «sí papá, es».

De este modo, pedí un taxi para que me llevara al hospital, mientras mis padres daban media vuelta con el coche para reunirse conmigo. El trayecto en el taxi lo pasé todo el tiempo llorando, el taxista no sabía qué decirme, no me cobró…

Entré por urgencias, sola, destrozada.

Esperé en la sala, me colocaron en una silla de ruedas y me llevaron a paritorio.

Entré en un box, mis padres llegaron pronto.

Entonces fue cuando llamé a mi marido, él ya sabía que algo pasaba, y en cuanto pudo, vino también.

El ginecólogo nos dijo que había que parir a nuestro pequeño, que cesárea no era posible porque el embarazo no estaba tan avanzado. Había que provocar el parto, y que en mi caso, había además peligro de rotura uterina.

Ahí ya no solté ni una lágrima. No sé por qué, pero quizás entré en negación, en el clásico «no es para tanto».

Fueron 15 horas de parto, desde las once de la mañana hasta las dos de la madrugada del día siguiente. Como me dolían las contracciones, me propusieron anestesia epidural.

La matrona nos propuso ver a nuestro bebé, pero en ese momento decidimos que era mejor que no, decisión de la que nos arrepentiremos toda la vida.

Mi padre fue la única persona que lo vio.

Después de parir a mi niño muerto, me subieron a quirófano, la placenta no salía, mi útero miomátoso se imponía, y asustaba el riesgo de rotura. Mi vida peligraba.

Al salir de quirófano, me dijeron que no me quitaban la vía de la anestesia pues había posibilidad de que me re intervinieran al día siguiente.

Gracias a Dios no fue así.

Al darme el alta, me dijeron que necesitaban revisarme a la semana siguiente porque quizás ahí sí habría que operarme otra vez. No fue el caso.

Al darme el alta, entró todo el equipo médico. Recuerdo sus caras, su no saber qué decir, verdaderamente no hay palabras.

Me propusieron ayuda psicológica.

Al levantarme de la cama estaba muy mareada y aturdida, perdí mucha sangre y tenía bastante anemia.

Una vez en casa, los siguientes días fueron siniestros, mis mamas estaban llenas de leche, tuve que aplicarme un sujetador para inhibir la bajada de leche, a la fuerza.

Pero supongo que el dolor era tan fuerte que lo negué durante mucho tiempo, repitiéndome a mí misma la famosa frase «no es para tanto» y otra frase hecha y clásica «venga, ya tendrás otro».

Otro hijo nunca llegó.

A la semana, fuimos a recoger los resultados de la autopsia, mi niño estaba totalmente sano, ahí sí lloré, me sentí muy culpable, era mi útero que no había podido sostenerlo.

Pregunté al médico por su cuerpecito y no me supo contestar…

Hace poco llamé al hospital y hablé con el mismo médico, quien me dijo que a estos bebés los suelen incinerar en el mismo hospital.

Actualmente, la ley sí permite enterrarlos. En aquella época, todavía no.

¿Cómo procesar esta experiencia?… Has llevado a tu bebé en tu vientre pero no has sentido cómo se movía dentro de ti, no lo has visto, ni lo has enterrado. La gente no lo ha conocido.

Tratas de banalizar tu dolor, no quieres saber nada de él, te aferras a argumentos feministas del tipo «no todo está en ser madre”… etc.

 Sin embargo, el dolor está y llega un día en el que surge desde dentro hacia afuera, por rebosamiento.
 Y te quieres morir, no puedes más, sólo deseas morirte.
 Y empiezas a buscar a tu tribu, mujeres que hayan vivido o estén viviendo el mismo infierno que tú.

Decides afrontar la realidad de lo que te ocurre, no esconderte, no avergonzarte, no auto engañarte.

Decides que vas a tratar, de transformar tu dolor en amor, un día a la vez, sólo por hoy.

La opinión de los demás, lo que ellos piensen de ti, empieza a importarte muy poco o casi nada…

Empiezas a buscar, a buscarte, a ser tú y no un cliché.

Y encuentras grupos como éste, el que fundó una gran mujer, Gloria Labay, a quien le debo tanto…

Elísabeth

 

                                 Historia de Tania

 

En el año 2003, fui al ginecólogo por sangrados abundantes y dolorosos en mi menstruación.

Después de estudios médicos se me detectaron fibromas  grandes.

Me operaron meses después.

5 años después volvieron a aparecer los fibromas.

El médico determinó que por ese problema más la edad de 40 años, me imposibilitaba embarazarme.

Me hicieron una histerectomía parcial.

Pasé una depresión por más de 2 años. Gracias a Dios, y a un grupo de apoyo en la web, las amistades y mi familia, pude ir superando este dolor.

Años después, participando en un grupo de apoyo en mi país, Panamá, aprendí que: no estaba sola y debía contar con mis bendiciones: salud, familia, amigos, empleo, cualidades y pasatiempos personales

¿Ahora?

Después de 15 años de conocer mi problema de fibromas, he podido replantearme este hecho: Si mis deseos de tener hijos se debía a la presión social- familiar de tener una familia propia.

En la actualidad, soy una mujer, amiga, hermana, tía,  prima, sobrina y profesional.
Finalmente, a nadie le debo demostrar que soy un ser completo con o sin hijos.

 

Tania

 

                                     Historia de Ana

 

 

Han pasado ya 5 años desde que decidimos intentar soltar el sueño de la maternidad.
A mí me cambió la vida, desde entonces tengo más miedos, aunque los voy superando despacito.

Me creó complejos que antes nunca tuve, por ejemplo, salir los domingos o festivos a la calle sola, o incluso con mi marido. ¡Creía que a todo el mundo le iba a dar pena!

Esto último lo he conseguido superar, menos mal!

Estaba mucho más susceptible con cualquier comentario, me parecían todos hirientes.

También eso lo voy superando, aunque algún día aún surgen.

No menos importante fue el abandono de mis 4 superamigas.

Se alejaron cuando yo más las necesitaba, sufrí muchísimo.

He aprendido a no sufrir, y ahora soy yo la que no quiero retomar la relación con ellas, aunque me lo están pidiendo, sus hijos se han hecho mayores y ahora me reclaman, pero yo me he montado otra vida sin ellas.

Intento que no parezca un dramón, sobre todo por mi beneficio.

Llevo haciendo terapia desde hace años.

Las partes buenas de este duro proceso, son estás: la unión y la fuerza con mi amor Juan. Seguimos juntos, esto es muy importante, aunque antes no lo reconocía, ahora sí.

Disfrutamos más que nunca, viajando, pasando tiempo con mis sobrinos, disfrutando a tope. También tiempo para cuidarme y mimarme, porque me había descuidado mucho, con la alimentación y así…

Ahora cuido mi dieta, hago deporte. Estoy apuntada a un curso de baile de danzas afrobrasileñas. He conocido gente, estoy estudiando inglés para poder defenderme, cuando salimos de viaje. Este verano toca Islandia.

En el trabajo no he dejado de disfrutar con mis alumnos.

Por todo ello creo que soy afortunada.

Muchas gracias y un abrazo.

Ana

 

 

                                 Historia de Maria

 

 

 

En mi caso el dolor de no poder ser madre ha sido sin duda mucho más tormentoso porque me he ido creando un caparazón de tortuga cada vez más opaco, para no tener que escuchar lo que para mí eran absolutas barbaridades o tener que dar explicaciones que me incomodaban enormemente.

 

No sé si fue cuando alguien me dijo “ si solo has hecho una in vitro es porque  no tenias muchas ganas de ser madre no? “ o “ hazte otra va que total a la primera nadie se queda“ o “ que bien si no sois padres así podréis hacer más de tíos “ o “ tampoco debe ser tan importante para ti como eres artista“ etc. por no hablar del clásico “cuando estéis más tranquilos” y bla, bla…pero decidí que solo hablaría de nuestro proceso con mi pareja.

 

Entiendo que la gente no sabe que decir y ya está. Dice lo primero que se le ocurre. No, no es mala leche. En realidad es algo que nos pasa a todos y todas con la mayoría de cosas que no hemos vivido en primera persona.

 

He aprendido mucho de todo esto y ahora me aplico muy a menudo este principio – que es adaptable a un montón de situaciones delicadas – si no sabes que decir, igual mejor escuchar.

 

Soy una persona abierta y nunca me he ocultado de nada así que esto de no compartir mis dudas e inquietudes durante este proceso fue una torsión de lo más extraña para mi, pero que vi absolutamente necesaria.

Después, y gracias al grupo que ha creado Gloria, puedo confirmar  que esta reacción es muy común en todas las que pasamos por esta situación y también que en realidad, no nos ayuda.

 

Y sí, soy ilustradora, soy amiga, soy hija, soy hermana, soy tía, soy pareja soy muchísimas cosas y esto no es el fin del mundo ni mucho menos. Es sencillamente un proceso. Un duelo.

 

Este duelo cada una  lo inicia cuando le da la gana.

 

Puede que sea después de haber tenido cuatro abortos, sin realizar ni una FIV (Fecundación In Vitro), haciendo 11, habiendo confiado en la acupuntura, a los 35 años o a los 45, después de haber probado la ovodonación o no queriendo ser madre sin pareja, por poner solo algunos ejemplos.

 

Y como todo duelo será más o menos rápido dependiendo de cada persona. Sin más.

 

Como siempre parece que la obligatoria explicación extra por ser mujer está asegurada y si se trata de maternidad todavía más. Mi pareja – que es hombre – no ha tenido ni la mitad de contradicciones ni culpabilidades que yo. Es mucha casualidad que también en este grupo esto se repita en todas nuestras parejas masculinas.

 

Chicas que no podáis ser madres -insisto, habiendo querido ser-lo – la alegría vuelve, el aprendizaje es profundo sí, de los que no se van. De los que si quieres te hacen mejor persona.

 

Uno de los miedos que compartimos todas las que hemos pasado por aquí es:¿ y ahora qué?

¿Nos quedaremos amargadas para el resto de nuestra vida o qué?

 

De que tengamos esta profunda sensación registrada en nuestro ADN se ha encargado muy bien la sociedad patriarcal “si no puedes o no quieres ser madre, que es lo que has venido a hacer en este mundo, pincharás tarde o temprano por algún sitio”.

 

Normalmente las dos opciones que se barajan son: o la de amargada para siempre o la de eternamente sola.

 

Bien, por suerte, empezamos a hablar y a desmentir toda esta mierda.

 

 

Maria