Soy libre como el mar.

Quiero romper mi silencio y gritar al mundo: NO, NO TENGO HIJOS!!!

Que todas/os sepan que no tengo hijas/os y que no tengo hijas/os porque no pude tenerlos.

Quiero romper mi silencio porque estoy harta de estar callada.

Callada con mis amigas, en el trabajo o encuentros familiares, donde sale el tema de los hijos, de lo bonito que son los embarazos, lo bonito que es la maternidad, pero a veces la maternidad es dura dicen, y la gente habla y habla, y yo mientras me he mantenido callada, callada sin saber qué decir, avergonzada y deseando que las conversaciones terminen.

En la actualidad tengo 56 años y todavía cuando me preguntan si tengo hijas/os, me duele.  Me duele contestar que NO en bajito y sentir una sensación de vacío y culpabilidad, como si no hubiera completado las fases que toda mujer debe completar. Hace unos meses cambié de trabajo y la directora de departamento me preguntó dos veces en la misma semana: ¿Tienes hijos? y a mi respuesta de no tengo hijos, su respuesta fue: “tú siempre joven y lozana”. ¿Joven y lozana? Acaso hay que tener hijos para crecer y ser una mujer.

Y su comentario me dolió tanto que sigo pensando que no he cerrado la herida, ¿acaso no he hecho el duelo, he racionalizado, y es por ello que vuelve a doler?

Crecí en una familia de siete hermanas/os. Las cosas no fueron fáciles para mis padres y cuando no podía más, mi madre decía: ¡ojalá me hubiera metido monja! Y mi padre trabajaba sin parar, hasta que con 50 años se quedó sin trabajo y le recuerdo sufriendo porque no teníamos dinero en casa, él no tenía estudios y no le llegaban las ofertas de trabajo.

Y yo me eduqué en esa familia, donde nadie me dijo que para ser feliz había que ser madre. Mi objetivo vital siempre ha sido el estudio y el trabajo. Empecé a trabajar a los 17 años para pagarme los estudios. Y desde entonces no he parado de estudiar y trabajar. Cuando a los 30 años mis amigas empezaron a tener hijos, yo me fui al extranjero. Tampoco sabía muy bien a qué iba, y allí empecé a estudiar una nueva carrera en inglés y luego en francés, siempre me ha gustado aprender cosas nuevas, conocerme más, abrir nuevas oportunidades.

Tengo la sensación de que he llegado tarde a las fases de la vida.  A los 41 años, conocí al que es mi marido. Él tenía un hijo de 5 años y empecé a frecuentar espacios de padres y madres. Me sentía joven, ilusionada, en un momento profesional bueno, y como siempre, estudiando, tanto para oposiciones como otras formaciones, yoga, tantra… disfrutaba con todo tipo de cosas nuevas.

Al año de conocer a mi marido, me planteé la maternidad, y al no quedarme embarazada de forma natural, hicimos 3 FIV en el 2013, enero, junio y diciembre. Ese diciembre decidí empezar con las terapias alternativas porque pensaba que todavía quedaría embarazada, estaba tan segura. Pero nunca pasó. Y me acuerdo que me parecía raro no quedarme embarazada, incluso ahora me parece raro, porque siento que he podido dirigir todo en mi vida, todo menos la maternidad.

En mi círculo, compartí con una hermana mi fase de FIV y he ido compartiendo con otras hermanas mientras pasa el tiempo, también he compartido con una amiga. Pero todavía siento que hay algo que duele. Así, en las formaciones o cursos a los que asisto, intento buscar alguna mujer que no sea madre, y cuando por lo menos tengo a una, me relajo. Porque da igual qué tipo de formación o curso sea, si hay mujeres siempre terminan hablando de sus hijos. Tampoco me siento cómoda, por ejemplo, cuando las reuniones de trabajo empiezan hablando de hijas/os. Y me pregunto, ¿qué hago, esto es normal o digo algo? ¿Cómo lo harán las otras mujeres que no son madres?

En una etapa difícil que pasé por ansiedad y estrés laboral, una terapeuta me dijo que estaba mucho en el hacer y tendría que estar en el “ser”. Y yo me pregunté entonces: ¿quién soy? Y me busqué y busqué, más formaciones, cursos, terapias, yoga, meditación…Y ahora me respondo: soy muchas cosas.

Ahora mismo soy y disfruto siendo la mujer de un hombre maravilloso con unos valores increíbles, también soy madrastra de un joven al que quiero con todo mi corazón y me siento muy querida. Aún hoy sigo trabajando, estudiando y asistiendo a formaciones que me motivan e ilusionan. Sin embargo, creo que no he superado el no haber sido madre cuando yo lo decidí, y, a veces, duele.

Pensaba que en mi vida decidía yo, pero parece que la vida también decide por mí.

P.D. El título “soy libre como el mar” es el mantra que escribí en un taller de la voz al que asistí. Porque también quise descubrir y conectar con mi voz; allí descubrí mi mantra.

xx Lola